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Economía de Conocimiento: claves para desarrollar el empleo y la innovación en las provincias

Una vez votada la Ley de Economía del Conocimiento, cuyos efectos se esperan a partir del año próximo, cabe preguntarse qué pueden hacer los gobiernos de nuestras provincias y municipios para capturar el impulso de las industrias del conocimiento, y capitalizar la creación de empleo y actividad económica en sus localidades.

Se sabe que una de las cualidades más valoradas de la Economía del Conocimiento es su capacidad para generar empleo federal. Por su naturaleza esencialmente intelectual, las tareas creativas del conocimiento pueden realizarse de manera remota, integrando los aportes de los trabajadores a través de vínculos virtuales.  La misma característica que permite que los servicios de las industrias del conocimiento puedan exportarse a clientes de todo el mundo, hace que su proceso productivo pueda desplegarse a lo largo y ancho del país.

«Las tareas creativas del conocimiento pueden realizarse de manera remota, esto hace que su proceso productivo pueda desplegarse a lo largo y ancho del país.»

Los tradicionales “polos industriales” que son habituales en los planes productivos de los gobiernos locales, son propios de las actividades que basan su valor en la manufactura de productos físicos y su logística necesaria. Para las industrias del conocimiento se requiere otro tipo de estímulos, acordes con la naturaleza intangible de sus procesos.

Un buen ejemplo de las políticas públicas que pueden establecerse a nivel provincial lo ha dado recientemente Mendoza, cuya legislatura el mes pasado votó un paquete de incentivos  a las industrias del conocimiento.

El caso de Mendoza puede inspirar a otras Provincias en el mismo camino. La economía del conocimiento florece donde se encuentran poblaciones con talento y formación técnica, impulso emprendedor, infraestructura de conectividad y apoyo gubernamental.

Otros ejemplos que conjugan todos esos factores son los del municipio de Tandil, que a la luz de la Universidad del Centro ha desarrollado en pocos años un singular polo informático donde operan empresas del alcance global, o el ya maduro polo tecnológico de Córdoba, provincia que es pionera en el estímulo a la economía digital.

Estos ejemplos locales, unidos a otros exitosos casos internacionales, como el de Medellín en Colombia,  nos permiten sugerir los ingredientes que no pueden faltar en una receta de estímulo al desarrollo de las diversas industrias del conocimiento en jurisdicciones locales.

En primer lugar, las fuentes de formación del talento, abarcando el nivel secundario, los institutos técnicos y las universidades. La economía del conocimiento es de pleno empleo para todo aquel que tiene las capacidades técnicas desarrolladas.  El primer paso de un plan local de estímulo al conocimiento es ordenar su sistema educativo para que construya esas capacidades.

Las competencias sobre el sistema educativo están en cabeza de las autoridades provinciales. Por otra parte, las universidades son entes autónomos que pueden definir con libertad sus carreras y contenidos.  El primer paso para construir un ecosistema del conocimiento es que las autoridades que definen la educación en el nivel provincial orienten la inversión educativa hacia las competencias correctas.  No se trata de gastar más, se trata de invertir en los trayectos formativos que ofrezcan a los jóvenes reales alternativas laborales en las industrias del futuro.

Una buena iniciativa es comprometer a las autoridades que lideran los centros de formación –dirección de escuelas, rectores, etc.- en un foro junto con líderes de las industrias del conocimiento, para que elaboren un programa conjunto en el que visiten los centros de excelencia, consulten especialistas, diseñen nuevos trayectos, experimenten carreras no tradicionales e integren experiencias educativas con prácticas profesionales que motiven a los jóvenes a capacitarse en el universo de la era digital. La oferta educativa debe ser la fuente de creación de talento que alimente el sistema.

Un segundo eslabón es el fortalecimiento del ecosistema empresarial local. Es fundamental que existan empresas que creen las oportunidades de empleo.  Crear trabajo local se ha constituido en una tarea esencial de los gobiernos, y el trabajo más productivo y sustentable lo generan empresas que elaboran los bienes y servicios de la era digital.

Es tarea de los gobiernos buscar activamente la radicación de empresas que, de manera directa y a través de su cadena de valor, generen empleo de alta calidad. Dependiendo de las características locales de cada región las industrias que pueden establecerse podrán ser diversas: Bariloche ha generado un importante ecosistema en torno de la ingeniería nuclear y satelital, Rosario en torno a la agroindustria, en la zona norte del Gran Buenos Aires crece el polo biotecnológico.  Estos centros se constituyen alrededor de empresas pioneras que funcionan como locomotoras de una red de empresas vinculadas que crecen al ritmo de la principal.

Otro componente del ecosistema empresarial es el desarrollo emprendedor. En este segmento es fundamental un programa de estímulo a emprendedores locales para el desarrollo de nuevos proyectos y PyMEs tecnológicas.

«Es tarea de los gobiernos buscar activamente la radicación de empresas que, de manera directa y a través de su cadena de valor, generen empleo de alta calidad.»

La capacidad de multiplicación que tienen los emprendedores es ilimitada y su promoción es un reaseguro de la vitalidad del ecosistema. Las intervenciones del gobierno en el estímulo a emprendedores son múltiples: desde la organización de hackatones y concursos que inspiren la vocación emprendedora en los jóvenes, hasta el acompañamiento de los nuevos desarrollos ya lanzados.  No solo se puede apoyar a las nuevas empresas con facilidades logísticas, fondos públicos o beneficios tributarios, es muy importante que desde el gobierno se promueva la articulación con entidades académicas e inversores privados, orientados a la financiación y el apoyo técnico a las nuevas empresas en sus diversas fases de maduración.

La conectividad es el tercer eslabón necesario. El esqueleto de las economías del conocimiento descansa en la disponibilidad de canales de conexión potentes y confiables, que evolucionen al ritmo del desarrollo de nuevas tecnologías de comunicación.  Un rol esencial de los gobiernos locales es asegurar la existencia de esa infraestructura, con un nivel de calidad y costo competitivos.

Otro nivel de actuación necesario e indelegable es la integración de los proyectos locales con los programas y entidades afines en el orden nacional, para expandir las oportunidades de desarrollo en áreas como la vinculación con los institutos de ciencia y tecnología –Agencias de Innovación, Universidades, CONICET, INTA, etc.-, los programas de compra estatales tanto nacionales como provinciales, la promoción de la oferta exportadora a través de los programas del Ministerio de Relaciones Exteriores, de las Agencias Provinciales y de la AAICI, y la relación con Cámaras Empresariales y fondos de inversión.

Sunchales, en la provincia de Santa Fe, es un excelente ejemplo de este modelo de integración donde destaca la influencia de CITES, entidad privada orientada a la incubación y desarrollo de negocios basados en nuevas tecnologías.

CITES, Sunchales, Santa Fe.

Los esfuerzos antes mencionados se potencian cuando son conducidos desde una visión estratégica que presida la asignación de recursos, que normalmente son limitados.  Definir las áreas e industrias en las que enfocar las promociones ayuda a dar un perfil específico a los ecosistemas que se crean.  La diversidad de temáticas de la economía del conocimiento es tan basta que permite desarrollos vinculados no solo a las fábricas de programación y software, sino también a la tecnificación digital de las economías regionales, a la producción audiovisual, a los videojuegos, al desarrollo de centros de offshoring de servicios profesionales, a la agrotecnología, a la generación de soluciones para la industria 4.0, etc.   Encontrar un vector de especialización permite definir una identidad propia para el clúster que se radique en cada localidad.

La era del conocimiento permite a cada pueblo repensar su modelo de producción de riqueza, complementando las actividades tradicionales de cada región con nuevas oportunidades basadas en las tecnologías digitales y en la revolución cognitiva que experimenta el mundo.  Los gobiernos locales tienen un rol fundamental en promover estas nuevas industrias, ofreciendo a los ciudadanos proyectos de vida de calidad, que nos permitan ser protagonistas de las oportunidades de la economía digital sin abandonar nuestros lugares de origen.