El último informe de nuestro socio Kyndryl sobre el sector salud pone en evidencia un punto de inflexión para las organizaciones sanitarias: la capacidad de escalar la inteligencia artificial (IA) de manera segura y conforme a la normativa será un factor decisivo para el liderazgo en 2026.
Este diagnóstico resuena con una tendencia más amplia en la economía del conocimiento: la transición desde la experimentación tecnológica hacia su adopción efectiva, confiable y a gran escala. En el caso de la salud, este proceso adquiere una complejidad particular debido al entorno regulatorio, la sensibilidad de los datos y el impacto directo en la vida de las personas.
El informe revela una brecha significativa entre la ambición y la capacidad real de implementación. Si bien las organizaciones de salud están incorporando IA para mejorar la calidad de atención y modernizar sus operaciones, el 76% reconoce que tiene más proyectos piloto de los que puede escalar. A su vez, más de la mitad manifiesta dificultades para mantenerse al día con regulaciones en constante evolución, y solo un 30% se siente preparada para adaptarse a estos cambios.
Este escenario refleja un desafío estructural: no alcanza con innovar, es necesario construir las condiciones para que esa innovación sea sostenible. La gobernanza de la IA, el cumplimiento normativo y la ciberseguridad pasan a ser elementos centrales, no accesorios, en la transformación digital del sector.
“Las organizaciones de salud operan en uno de los entornos regulatorios más complejos del mundo y, a medida que la IA se integra cada vez más en los flujos de trabajo clínicos y operativos, el cumplimiento normativo no puede ser una reflexión posterior”, afirmó Christine Landry, vicepresidenta global de Salud de Kyndryl Consult.
En este contexto, iniciativas como la capacidad de “policy as code” presentada por Kyndryl marcan un camino posible. Al traducir requisitos regulatorios y controles operativos en políticas legibles por máquinas, se habilita una integración más orgánica del cumplimiento dentro de los sistemas de IA. Este enfoque no solo facilita la auditabilidad, sino que también fortalece la confianza en entornos donde la precisión y la seguridad son críticas.
Para el ecosistema de la economía del conocimiento, este tipo de desarrollos abre oportunidades relevantes. La creciente demanda de soluciones que integren tecnología, regulación y gestión del riesgo posiciona al talento especializado como un recurso clave. En particular, países como Argentina, con una sólida base de profesionales en tecnología, ciencias de datos y servicios basados en conocimiento, pueden desempeñar un rol estratégico en este proceso global.
Casos concretos, como la colaboración de Kyndryl con el sistema de salud de las Islas Baleares o con la Universidad de Liverpool, muestran cómo la articulación entre el sector público, privado y académico permite avanzar hacia modelos de IA más maduros, capaces de generar impacto real en diagnósticos, tratamientos y gestión sanitaria.
La conclusión es clara: el futuro de la IA en salud no dependerá únicamente de su potencial tecnológico, sino de la capacidad de implementarla con responsabilidad, transparencia y escalabilidad. En ese camino, la combinación de talento, marcos regulatorios adecuados e innovación aplicada será determinante.
Para Argentina, este escenario representa una oportunidad. Fortalecer las capacidades locales en torno a la gobernanza de la IA, la ciberseguridad y el desarrollo de soluciones para industrias complejas como la salud puede consolidar al país como un socio relevante en la transformación digital global. Y, al mismo tiempo, contribuir a mejorar la calidad y el acceso a los servicios de salud, tanto a nivel local como internacional.


